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Los programas de televisión españoles que penden de un hilo: el riesgo de cancelación en un sector en crisis

En un panorama televisivo cada vez más fragmentado por la irrupción de las plataformas de streaming y la caída de las audiencias tradicionales, varios programas emblemáticos de la televisión española se enfrentan a un futuro incierto. A lo largo de 2025, hemos asistido a una oleada de cancelaciones que ha afectado tanto a la televisión pública como a las cadenas privadas, impulsadas por bajos índices de audiencia, recortes presupuestarios y la competencia feroz de servicios como Netflix o Prime Video. Ahora, en los primeros meses de 2026, la amenaza persiste, con programas que luchan por sobrevivir en un ecosistema donde el coste de producción choca con la rentabilidad. Analizamos los casos más destacados y las razones subyacentes, basándonos en datos recientes de audiencia y decisiones corporativas.

La televisión pública: RTVE bajo presión financiera

Radiotelevisión Española (RTVE) ha sido uno de los epicentros de esta crisis. A pesar de un aumento en su inversión en producción ajena —237 millones de euros entre enero y noviembre de 2025, un 10% más que el año anterior—, el ente público ha tenido que solicitar fondos adicionales al Gobierno, recibiendo solo 40 de los 60 millones pedidos para cubrir sus gastos. Esta tensión presupuestaria ha llevado a cancelaciones drásticas. Un ejemplo claro es ‘La familia de la tele’, un formato de tarde que debutó en abril de 2025 pero fue cancelado en junio tras solo siete semanas en antena, debido a sus discretos datos de audiencia —apenas un 5-6% de share— y la imposibilidad de remontar pese a ajustes en la parrilla. El programa, presentado por colaboradores como Marta Riesco, dejó un hueco en la franja vespertina que RTVE ha intentado rellenar con reposiciones y otros contenidos, pero no sin críticas internas por su «sobreprotección» inicial.

Otro caso reciente es la cancelación de ‘Dra. Fabiola Jones’ y ‘Hasta el fin del mundo’ en diciembre de 2025, programas que TVE retiró de su emisión para priorizar contenidos con mayor tirón, como repeticiones de ‘La revuelta’, el espacio más visto en su franja. ‘Dra. Fabiola Jones’, un formato de aventura y divulgación que sustituyó temporalmente a Andreu Buenafuente en noviembre, no logró consolidarse y fue sacrificado en favor de una programación más estable. En el horizonte de 2026, programas como ‘Aquí la Tierra’ y ‘D Corazón’ han sido confirmados para la nueva temporada, pero otros de la parrilla pública, especialmente aquellos con altos costes como el Benidorm Fest —que este año costó 3,89 millones pese a no participar en Eurovisión—, podrían estar en el punto de mira si las audiencias no remontan.

Expertos consultados por este medio señalan que RTVE necesita una reconducción urgente para cumplir su función social sin caer en debates ideológicos, ya que el modelo actual, con un presupuesto de 1.200 millones para 2025, resulta insostenible sin reformas estructurales.

Cadenas privadas: despidos masivos y ajustes en Mediaset y Atresmedia

En el sector privado, la situación no es menos alarmante. Mediaset, propietaria de Telecinco, ha protagonizado titulares con despidos masivos y cancelaciones a finales de 2025, impulsados por el ascenso de competidores como Antena 3 y TVE. Programas como ‘TardeAR’ (emitido entre 2023 y 2025), ‘La Garita’, ‘Comando’ y ‘Cuánto, cuánto, cuánto’ fueron cancelados abruptamente en 2025 por bajos rendimientos, en un año marcado por una reestructuración general de la parrilla. ‘TardeAR’, un magazine vespertino, no sobrevivió a la competencia directa con formatos más innovadores, mientras que ‘La Garita’ y otros shows de entretenimiento sufrieron el mismo destino tras no alcanzar los umbrales mínimos de share.

‘La Revuelta’, otro espacio de Mediaset, emitió un comunicado de urgencia en junio de 2025 cancelando planes de emisión sin especificar motivos, lo que generó especulaciones sobre presiones institucionales o problemas internos. Fuentes del sector indican que estos ajustes responden a una caída general de la publicidad tradicional, agravada por la migración de espectadores a plataformas digitales.

El impacto del streaming: Netflix y las series españolas en jaque

No solo la televisión lineal sufre; las plataformas de streaming también han apretado el cinturón. Netflix, por ejemplo, canceló varias series españolas en 2025 que prometían ser éxitos, como ‘El refugio atómico’, ‘Pulso’, ‘Aguas turbias’, ‘FUBAR’, ‘Territorial’, ‘Reclutas’ y ‘Tomb Raider: La leyenda de Lara Croft’. Estas producciones, muchas de ellas con presupuestos elevados, no cumplieron con las expectativas de visualizaciones globales, lo que refleja la volatilidad del mercado OTT. En España, donde el consumo de series locales es alto, estas cancelaciones dejan un vacío para creadores y actores, y plantean dudas sobre la viabilidad de proyectos ambiciosos sin un respaldo internacional sólido.

Además, a partir del 1 de enero de 2026, el Gobierno prohibirá anuncios con volúmenes excesivamente altos no solo en la televisión lineal, sino también en streaming, lo que podría complicar aún más la monetización de contenidos.

¿Hacia un cambio de ciclo?

Pese a estos nubarrones, hay signos de esperanza. RTVE ha presumido de su mejor agosto en nueve años y el mejor inicio de temporada en 14, con un 12% de cuota en septiembre de 2025, lo que sugiere un «cambio de ciclo» según su director, Sergio Calderón. Sin embargo, para que esto se consolide, el sector necesita innovación: más integración con digital, formatos híbridos y una regulación que equilibre la competencia con las plataformas globales.

En resumen, programas como ‘La familia de la tele’, ‘TardeAR’ o las series de Netflix ilustran una industria en transformación, donde la supervivencia depende de la audiencia y la eficiencia económica. Si no se actúa, 2026 podría ver más cierres, afectando no solo a la oferta cultural, sino al empleo en un sector clave para España.

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Un estilo de vida activo empieza en la familia. No con coerción, ni con «sal a caminar», sino con el ejemplo. Los niños no nos escuchan, nos observan. Si los padres se sientan frente a una pantalla todo el día, el niño hará lo mismo. Pero si la familia camina, juega y monta en bicicleta, el movimiento se convierte en una parte natural de la vida.

Mi esposa y yo decidimos: no más «niñeras electrónicas» los fines de semana. En su lugar, parques, bosques, ciclovías y juegos en el jardín. Al principio, los niños se quejaban: «¡Qué aburrido!». Pero después de un mes, pedían: «¡Vamos al río!». Porque descubrieron que el movimiento es divertido.

Es importante no convertir el ejercicio en una obligación. No «Tienes que correr», sino «Juguemos a la mancha». No «Haz tus ejercicios», sino «Enséñame cómo puedes saltar como una rana». El juego es el lenguaje de los niños. Háblalo.

Los paseos en familia no se tratan solo de física, sino también de psicología. Es más probable que los niños compartan sus experiencias mientras caminan. En el coche o en casa, son reservados, pero al aire libre, son abiertos. El movimiento libera.

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Mucha gente piensa que el deporte es para jóvenes. Después de los 40, dicen: «Es demasiado tarde», «Mis rodillas ya no son lo que eran», «No tengo tiempo». Pero, de hecho, es a esta edad cuando el movimiento se vuelve no solo beneficioso, sino esencial. No se trata de la apariencia, sino de la calidad de vida: la capacidad de mantenerse independiente, enérgico y activo durante décadas.

Después de los 35, comenzamos a perder masa muscular, aproximadamente un 1% al año. Sin ejercicio, esta pérdida se acelera. Y los músculos no son solo estéticos. Fortalecen las articulaciones, regulan el metabolismo y protegen contra la diabetes y la osteoporosis. La fuerza es salud.

Empecé a entrenar la fuerza a los 45. Antes, tenía miedo de «ponerme demasiado corpulento» o «lastimarme la espalda». Pero con la ayuda de un entrenador, comencé con mancuernas ligeras y mi propio peso corporal. En tres meses, podía levantar a mi nieta sin quedarme sin aliento. Fue la mejor motivación.

La actividad física después de los 40 no se trata de maratones, sino de constancia. Caminar, nadar, pilates, entrenamiento de fuerza ligero: todo esto mantiene la movilidad, mejora el sueño y aumenta los niveles de testosterona y estrógeno. Incluso 30 minutos tres veces por semana pueden ser efectivos.

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El yoga suele percibirse como un conjunto de posturas difíciles para chicas flexibles en Instagram. Pero en realidad, es una práctica ancestral centrada no en el cuerpo, sino en la mente. El objetivo del yoga no es hacer el pino, sino aprender a estar aquí y ahora, sin resistencia, sin miedo, sin ruido interior.

Empecé a practicar yoga después de sufrir agotamiento. Tenía éxito en el trabajo, pero me sentía vacía por dentro. En mi primera clase, ni siquiera podía mantener el equilibrio en una postura sencilla. Pero el instructor me dijo: «El yoga no se trata de cómo te ves en una postura, sino de cómo te observas en ella». Esa frase lo cambió todo.

El yoga enseña atención. Cuando haces la postura de la montaña (Tadasana), no te quedas ahí parado; sientes tus pies, tu respiración, tus hombros, tus pensamientos. Notas cómo tu mente se desvía hacia el pasado o el futuro y la traes suavemente al presente. Es un entrenamiento de atención plena.

La respiración es la base del yoga. El pranayama (prácticas de respiración) calma el sistema nervioso, reduce la ansiedad y mejora el sueño. Empecé a practicar Nadi Shodhana (respirar por una fosa nasal) antes de acostarme y mi insomnio desapareció en una semana.

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Correr es una de las formas de movimiento más accesibles y profundas. No requiere equipo, equipo ni gimnasio. Solo tú, la carretera y tus pensamientos. Mucha gente tiene miedo de correr: «Es muy difícil», «Me van a doler las rodillas», «No puedo más». Pero en realidad, correr no se trata de velocidad, se trata de ritmo. Y puedes encontrar ese ritmo dentro de ti.

Empecé a correr a los 35 años, después de un divorcio. Necesitaba una vía de escape para el dolor, la ira y el vacío. Las primeras semanas, apenas podía llegar al parque y regresar sin aliento. Pero poco a poco, mi paso se volvió más seguro, mi respiración más regular. Y lo más importante, mis pensamientos dejaron de dar vueltas en un solo lugar. Correr les dio espacio.

Con el tiempo, me di cuenta de que correr no es ejercicio físico, sino psicoterapia al aire libre. Cuando corres, tu cerebro entra en un estado especial, entre la vigilia y la meditación. En este estado, nacen las ideas, llegan las respuestas y los miedos desaparecen. A veces corro no por mi cuerpo, sino por mi alma.

Es importante empezar bien. No persigas la distancia. Es mejor correr 10 minutos con facilidad que 30 con dolor. Escucha a tu cuerpo. Si te duelen las rodillas, quizás necesites zapatillas diferentes o incluso caminar más. Correr debe ser constante, no traumático.

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Mucha gente empieza a hacer ejercicio pensando: «Quiero bajar de peso» o «Necesito ponerme en forma». Pero el verdadero punto de inflexión llega cuando te das cuenta de que el movimiento no es un medio, sino la vida misma. No se trata de la apariencia, sino de un estado interior: ligereza, claridad, fuerza.

Empecé a correr no para bajar de peso, sino porque sentía que mi energía se estancaba. Después del trabajo, estaba irritable, cansada y con la mente nublada. Las primeras semanas fueron difíciles: falta de aire, dolor muscular, ganas de rendirme. Pero una mañana, después de correr bajo la lluvia, sentí algo nuevo: paz. Mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente estaba despejada.

Un estilo de vida activo no significa necesariamente ir al gimnasio o una maratón. Puede ser un paseo con el perro, bailar en la cocina, yoga en el balcón o nadar en el río en verano. Lo principal es la constancia y el disfrute. Si te obligas a hacerlo, pronto te rendirás. Pero si encuentras alegría en el movimiento, se convierte en parte de ti.

El mundo moderno está diseñado para que pasemos cada vez más tiempo sentados: al volante, frente al ordenador, en el sofá. El cuerpo está diseñado para el movimiento, no para la quietud. Cuando ignoramos esta necesidad, no solo nuestra salud física se resiente, sino también la mental: aumenta la ansiedad, disminuye la concentración y aparece la fatiga crónica.

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