Mucha gente piensa que el deporte es para jóvenes. Después de los 40, dicen: «Es demasiado tarde», «Mis rodillas ya no son lo que eran», «No tengo tiempo». Pero, de hecho, es a esta edad cuando el movimiento se vuelve no solo beneficioso, sino esencial. No se trata de la apariencia, sino de la calidad de vida: la capacidad de mantenerse independiente, enérgico y activo durante décadas.
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Después de los 35, comenzamos a perder masa muscular, aproximadamente un 1% al año. Sin ejercicio, esta pérdida se acelera. Y los músculos no son solo estéticos. Fortalecen las articulaciones, regulan el metabolismo y protegen contra la diabetes y la osteoporosis. La fuerza es salud.
Empecé a entrenar la fuerza a los 45. Antes, tenía miedo de «ponerme demasiado corpulento» o «lastimarme la espalda». Pero con la ayuda de un entrenador, comencé con mancuernas ligeras y mi propio peso corporal. En tres meses, podía levantar a mi nieta sin quedarme sin aliento. Fue la mejor motivación.
La actividad física después de los 40 no se trata de maratones, sino de constancia. Caminar, nadar, pilates, entrenamiento de fuerza ligero: todo esto mantiene la movilidad, mejora el sueño y aumenta los niveles de testosterona y estrógeno. Incluso 30 minutos tres veces por semana pueden ser efectivos.
