Correr es una de las formas de movimiento más accesibles y profundas. No requiere equipo, equipo ni gimnasio. Solo tú, la carretera y tus pensamientos. Mucha gente tiene miedo de correr: «Es muy difícil», «Me van a doler las rodillas», «No puedo más». Pero en realidad, correr no se trata de velocidad, se trata de ritmo. Y puedes encontrar ese ritmo dentro de ti.
Publicidad
Empecé a correr a los 35 años, después de un divorcio. Necesitaba una vía de escape para el dolor, la ira y el vacío. Las primeras semanas, apenas podía llegar al parque y regresar sin aliento. Pero poco a poco, mi paso se volvió más seguro, mi respiración más regular. Y lo más importante, mis pensamientos dejaron de dar vueltas en un solo lugar. Correr les dio espacio.
Con el tiempo, me di cuenta de que correr no es ejercicio físico, sino psicoterapia al aire libre. Cuando corres, tu cerebro entra en un estado especial, entre la vigilia y la meditación. En este estado, nacen las ideas, llegan las respuestas y los miedos desaparecen. A veces corro no por mi cuerpo, sino por mi alma.
Es importante empezar bien. No persigas la distancia. Es mejor correr 10 minutos con facilidad que 30 con dolor. Escucha a tu cuerpo. Si te duelen las rodillas, quizás necesites zapatillas diferentes o incluso caminar más. Correr debe ser constante, no traumático.
