Tu entorno importa. Las personas que constantemente te menosprecian, dudan de ti o te envidian minan tu confianza. Aléjate gradualmente de las relaciones tóxicas. Busca a quienes ven la luz en ti, incluso cuando tú no la veas.
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No temas a los errores. Al contrario, considéralos como hechos, no como un juicio. «Fracasé» ≠ «Soy un perdedor». La diferencia entre estas frases es la brecha entre el crecimiento y el estancamiento.
Tu cuerpo también afecta la autoestima. Mantenerse erguido, verse seguro y cuidarse le envía a su cerebro el mensaje: «Soy importante». Empiece poco a poco: sonríase al espejo cada mañana.
La psicoterapia puede acelerar este proceso. La terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia de aceptación y compromiso (ACT) son particularmente efectivas. Enseñan a detectar los pensamientos distorsionados y a actuar a pesar de ellos.
En definitiva, la autoestima es la confianza en uno mismo. Confianza en que puede con todo, en que vale la pena, en que es una persona completa, a pesar de sus defectos. Y esta confianza no se construye de la noche a la mañana, sino paso a paso, palabra a palabra, acción a acción.
