En el mundo actual, es fácil perder el rumbo. Corremos de una tarea a otra, de una pantalla a otra, pero por dentro persiste una sensación de vacío: «¿Para qué sirve todo esto?». La búsqueda de sentido no es un lujo, sino una necesidad humana básica, como comer o dormir.
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Viktor Frankl, psiquiatra y superviviente de un campo de concentración, escribió: «Una persona puede soportar cualquier cosa si tiene sentido». El sentido no tiene por qué ser grandioso. Puede ser pequeño: un café por la mañana con un niño, ayudar a un desconocido o cuidar una flor en el alféizar de la ventana.
El primer paso es bajar el ritmo. En el ajetreo, no escuchamos nuestra voz interior. Reserva 10 minutos al día para el silencio. Simplemente siéntate. Observa. ¿Qué te reconforta? ¿Qué te da la sensación de «estar ahí»?
El sentido suele estar ligado a los valores. Pregúntate: ¿Qué es realmente importante para mí? ¿La libertad? ¿El cariño? ¿La creatividad? ¿Verdad? Cuando vives en sintonía con tus valores, incluso lo mundano se vuelve profundo.
No esperes a que el significado te «encuentre». Créalo. Escribe, dibuja, estudia, ayuda. Incluso en el trabajo que no te gusta, puedes encontrar significado: «Mantengo a mi familia», «Estoy aprendiendo a tener paciencia».
