Los pasteles españoles no son solo dulces; son un sello histórico. Cada región conserva sus propias recetas, con raíces en los monasterios, la cocina árabe y la época colonial. Desde los churros matutinos hasta los polvorones navideños, cada pastel cuenta una historia.
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Los churros con chocolate son mi desayuno favorito de fin de semana. En Madrid, está el legendario San Ginés, que los sirve 24/7. Crujientes, espolvoreados con azúcar, con un espeso chocolate caliente para mojar cada bocado. No son solo comida, son un ritual para despertar.
Pero los churros son solo la punta del iceberg. En Galicia, se preparan filloas (tortitas finas rellenas de miel); en Cataluña, cremat con pasas y cítricos; y en las Islas Baleares, la famosa ensaimada, un bollo en espiral relleno de tocino de cerdo (saïm), una reliquia de la época árabe. Se sirve con café o relleno de calabaza, crema o incluso helado.
Los dulces monásticos ocupan un lugar especial. Muchas recetas fueron creadas por las monjas, que usaban las claras de huevo para almidonar la ropa y las yemas para hornear. Así nacieron las yemas de San Leandro, el tocino de cielo y otros postres a base de huevo y azúcar.
