Viajar por España nos enseña a observar. Vemos a ancianos jugando a las cartas, a niños corriendo por las mismas calles de hace cien años y a bares que siguen siendo el centro de la vida social.
Aquí la historia no se encuentra en los museos, sino en las piedras, los puentes y las casas antiguas. Casi todos los pueblos conservan vestigios de Roma, la Edad Media o la época musulmana.
Es importante viajar más allá del verano. El otoño y la primavera son las mejores épocas: clima suave, menos gente y un ambiente auténtico. A menudo hacemos escapadas de fin de semana fuera de temporada.
España es un país para viajar sin prisas. No hace falta «hacerlo todo». Solo hay que estar presente y vivir como los lugareños. Y son viajes como estos, sin rutas ni listas de verificación, los que nos recuerdan por qué nos encanta vivir aquí.
Publicidad
