Vivir en España significa experimentar la diversidad a diario. Esto es especialmente cierto cuando se viaja a las regiones del norte, donde la naturaleza, la historia y la cultura se entrelazan para crear un tejido único y vibrante. Asturias, Cantabria y Galicia son más que simples provincias en un mapa; son verdaderos tesoros para quienes buscan autenticidad. Carecen del calor sofocante del sur, pero en cambio disfrutan de la fresca brisa atlántica, densos bosques y pueblos donde el tiempo parece detenerse.
Publicidad
Una de mis rutas favoritas fue la de la «España Verde», como llaman los lugareños a este tramo de costa. En Asturias, probé por primera vez una auténtica fabada asturiana: un guiso espeso de judías ahumadas que te calienta incluso en el día más lluvioso. Pero lo principal aquí no es la comida, sino el ambiente. Pueblos como Cudillero o Luarca cautivan con su belleza sin pretensiones: calles estrechas, casas blancas con balcones floridos, puertos donde los pescadores aún regresan de sus capturas en barcas destartaladas.
Más al este se encuentra Cantabria. Es un lugar donde lo antiguo se fusiona con lo moderno. Las Cuevas de Altamira, aunque cerradas al público, aún atraen como un imán. A menudo llevaba a mis amigos a ver el museo de réplicas; allí se puede sentir literalmente el aliento de los artistas prehistóricos de hace 15.000 años. Y muy cerca se encuentran los Picos de Europa, ideales para practicar senderismo. Una vez pasé un día entero allí, deambulando por gargantas y escuchando el eco de mis propios pasos.
